Puppy Sound John

 

 

Las mil habitaciones del palacio servían  cómo cámaras de tortura, todas alineadas en un pasillo que no podía evitar por la necedad de cumplir con su vida rutinaria

Es su propio sistema de tortura, cruzar por el mismo pasillo sin atreverse a dejar las cadenas del monótono recorrido. ¿Quién entendería la naturaleza de su situación?

Nadie, ni siquiera quienes conocen los motivos se atreven a considérarlo, hecho  de poca importancia, porque las cámaras seguirán aceptando gustosamente la compañía de su incauto huésped.

Mientras la luz a su alrededor iba disminuyendo,  pensaba en la hora y el minuto exacto que marcarían el final de su recorrido, entretanto dirigía su atención a una puerta

Por los dos agujeros salía un débil son de flauta, los cuales quedaban a la altura de sus ojos, siempre tentando a mirar a través de ellos.

Estas pesadillas parecen haberse disipado, el recorrido terminó por un instante mientras el son de la flauta se expandía más allá del encierro, sus cadenas se habían debilitado.

 

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Conozcamos los hechos que inmediatamente precedieron a esta guerra inolvidable, era un duelo de deseos, levantarse, enfrentar al mundo o permanecer cuestionándose  ¿qué es ese son de flauta?

¿Que podrá ser  esa hierba verde? Y ¿qué habrá pasado con mis hombros? su percepción se transformaba por la necesidad de cumplir con una rutina impuesta y así encajar

Las posturas anglosajonas se hacían más extravagantes, era responsable siempre que podía, ahorraba para cuando hiciera falta, mantenía las emociones en calma

Mas todas estas precauciones que fueron inútiles, pues mis tormentos se reanudaron en nuestras visitas a los profesores, ¿y si dijera lo que de verdad pienso en voz alta?

Seria un principio hostil a la vida un orden destructor y disgregador del hombre, un atentado al porvenir del hombre, un signo de cansancio, un camino tortuoso hacia la nada

No encontramos absolutamente nada fuera de lo normal, Porque ¿que no es así ya la vida?  Laberinto de errores, la ciudad de fieras.

 

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La ciudad de dios, la tierra prometida, en el que todos habitan sin saberlo, donde se anhela, se desprenden del espíritu y se entregan a los placeres del cuerpo

Me preguntaba a menudo, ¿cuál será el sabor del pene? Y ¿a qué sabrá la vagina? Mientras veía a los amantes platicando desde mi ventana

Uno de ellos apuntaba hacia los niños anhelando la inocencia que nunca regresará a ellos… ni a mí

El viento comenzó a soplar, el tiempo esta por acabar, no queda más que hacer

a las cinco nos despedimos del rústico palacio, por fin rompemos

las mallas de las redes que nos ataban al pasillo de las mil habitaciones.